Arte · trabajo personal



Mi cosmogonía
Antes de que llegue la luz, un lugar no es nada: son paredes, una calle, un cuarto vacío que nadie voltearía a ver. La luz llega y decide qué existe y qué no, y lo que deja fuera —la sombra— no es lo que falta, es lo que el lugar se guardó para él.
Por eso busco la hora y el ángulo en los que un espacio deja de ser un espacio y se vuelve una atmósfera: el neón mojado, el humo que se queda quieto, el reflejo dentro de un carro a las tres de la mañana. No es un truco de cámara ni una edición encima, es esperar a que el lugar diga lo que tiene que decir y estar ahí cuando lo dice.
Epicteto decía que no nos afectan las cosas, sino lo que pensamos de ellas. A mí me pasa igual con la luz: no alumbra un lugar, lo interpreta. Y eso que queda después —a veces misterioso, a veces etéreo, casi siempre callado— es lo que vengo a buscar aquí.

La luzdecide


Un lugaruna hora


Rayo de luz



El neónrespira



Hablemos
Ninguna de estas imágenes me la encargó nadie, y puede que por eso sean las que mejor dicen cómo miro. Si alguna te detuvo más tiempo del que esperabas, es que estamos viendo lo mismo —y de ahí es de donde sale el trabajo que después no se parece al de nadie—. Cuéntame qué estás viendo tú.